EL FANTASMA DEL CONCIERTO AL QUE NO FUI

Hola a todos y todas. Sigo siendo la madre de Dani y Alex, pero ésta entrevista al bajista de Gotthard (se pronuncia “Gott- Haaard”, como si se os hubiera atragantado un cacahuete, que lo sepáis) me la perdí. Y eso que era en Barcelona, pero es que, la verdad… ¡sin Steve no me animaba a verles, ays que pena!…

Como veis, fueron mis chicos y un amiguete con cámara y trípode y todo, muy bien preparados. Yo me quedé en casa y aproveché para fregar unos cacharros, hacer una colada y escribir un artículo para la revista del New York Times  para la que trabajo…; bueno, ya no pertenece al N.Y.T. pero me siguen pagando ellos, ya vale. Oye, que no es coña, que una sirve para un roto y un descosido…Pues eso.

Como decía, me perdí la entrevista y el concierto y todo, y bien que lo siento porque el Marc éste parece majete, pero es que Steve Lee era mucho Steve Lee, y a mí los lutos me duran.

Por eso, como de la entrevista podéis disfrutar en el video y en el post de Daniel, me voy a limitar a recordar al añorado Steve…, que descansa en paz seguro o está dando guerra con una Harley celestial en alguna parte, quién sabe.

Una voz de mirada profunda

La voz de Steve Lee me encandiló en cuanto la oí. Era (es) una de esas voces “rotas”, pero vibrantes, expresivas. Hay voces expresivas y voces que no, y no solo está en la voz, sino en el énfasis, en las ganas que le ponga quien canta. Steve Lee era un cantante que comunicaba, aunque no entendieras su idioma, como me pasa a mí.

Aquellos ojos perdidos en un rostro delgado, algo hundidos pero de mirada que traspasaba; esos ojos que sabían sonreír y parecer tristes, o duros o retadores, en lo alto de un escenario o frente a una cámara, ya no se abrirán. Va para dos años que se cerraron para siempre, por culpa de un tremendo error y un inoportuno cúmulo de mala fortuna. Nos queda la voz, esa voz mágica que también podía ser como el rasguido frenético de una guitarra eléctrica o como un lamento de violín, que lo mismo se desgañitaba con el rock más duro que se amoldaba a la dulzura lánguida pero potente de un dueto con Montserrat Caballé.

Mirad, no me veía yo con ánimos de echarle de menos en ese primer concierto en Barcelona. Seguro que el sustituto, Nic Maeder,  lo hace de p.m., seguro que es bueno también…., eso me han dicho, y no suena mal, pero… ¡Y el fantasma de Steve rondando por el escenario en cada canción “versionada”!…Me lo veía venir  y, no, quita, quita, margarita.

Es lo que tienen los vocalistas: cualquier otro músico, por bueno que sea, puede suplirse con otro buen intérprete, pero la voz peculiar de cada cantante es insustituible, inimitable, y cualquiera que ocupe ese lugar y cante sus canciones, por parecidas que sean las tonalidades, estará haciendo otra cosa, nunca lo que él hizo o cómo él lo hizo.

Así que, ya iré a ver a la nueva formación de Gotthard (Gott-Haaard) más adelante pero, por ahora, no me gusta más que seguir escuchando las antiguas grabaciones de Steve y recordarle como si aún siguiera vivo, como si hubiera sobrevivido a aquella maldita carretera y a aquél conductor loco. Steve Lee siempre será one life,one soul en la música de Gotthard. La vida y alma del grupo.



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